Pronto será noche... sueña, vive conmigo y comparte esta íntima emoción, el cuerpo distante y el alma iluminada.

23.2.15

Divagues en la oscuridad.

   
    A las 00’01 abre sus puertas el día. El público impaciente espera fiel a que este, por fin, sea el de la estabilidad o el del descanso deseado. Fuera, los dueños del Mundo hacen piruetas para encajar sus piezas donde más duela. Los nuevos amos coquetean entre bastidores y dan los últimos retoques a la guillotina que decapitará ilusiones y esperanzas. Ellos, en cambio, se blindan los beneficios por venta de armas, tráfico de diamantes o fortunas incontroladas en Islas Caimán. 
    Se enciende el día y el Mundo se agolpa adolorido entre recortes, impuestos, retrocesos de libertad y devaluación de la dignidad. El mercado global manda, pronto caerá la noche y con ella el silencio. Todo quedará dispuesto como en un cementerio. Muertos inútiles hasta la madrugada siguiente en que de nuevo, los “valores” quedarán hipotecados al servicio de unos cuantos desconocidos que desde su paraíso dorado manejan los hilos de un ejército dormido. 

    Ni siquiera dormir nos dejarán dignamente.

19.2.15

Entrevista con Dios


    Llegó a las 12’30, puntual como corresponde a un Dios. Lo vi entrar, solemne, de domingo. Me reconoció entre los parroquianos que a esa hora se daban cita para el aperitivo del mediodía. Le ofrecí asiento frente a mí, en una butaca orejera de piel marrón:
    -¿Qué le apetece tomar Señor?
    -Un vino dulce -me contestó.
    -Verá, el motivo de esta cita, es para recordarle que hace ya más de tres mil años, su Padre, que es Usted, le dio Diez Mandamientos a Moisés en el Monte Sinaí. Necesitó 40 días para escribir con su propia mano sobre dos tablas de piedra las leyes básicas. Poco tiempo en mi opinión, para crear un reglamento de pautas de conducta de obligado cumplimiento, por el que se debe regir la humanidad.
    -¿Tres mil años dice?, parece que fue ayer. Sin embargo, 40 días fueron suficientes para que la fe de un pueblo se perdiera y me sustituyeran por un becerro de oro construido en honor de mi adversario Apis, malgastando para ello todo el oro reservado a la Tierra Prometida.
    -Sí, ya lo sé y la reacción de Moisés fue demasiado visceral, tremebunda y agresiva, lanzándoles y rompiendo sobre ellos las pesadas tablas y quemando al dorado impostor.
    -Mano dura y fuertes penitencias son lo único que entienden los fieles en tránsito.

    Dios, se incorporó en el asiento, recuperando la verticalidad, que había cedido por la vehemencia de su argumentación y por la suavidad de la piel flor de la butaca.
    -¿Y dígame, para que más me ha citado?, como puede imaginarse tengo otros quehaceres de más transcendencia.
    -Vigencia, actualidad, ¡eso es! Después de más de tres mil años, ¿cree que algunos de los Mandamientos podría sufrir algún cambio, un giro que los adapte a los tiempos presentes, alguna actualización que sea consecuencia implícita de nuevas lecturas, incluso pensando en los próximos tres mil años?

    -Mire Usted, el primero, ni tocarlo, sólo faltaría modificar el único que habla de Amor. El segundo y cuarto valen tal cual están, habida cuenta que Dios, o sea YO, soy Padre, Madre, Hijo y Espíritu Santo. El tercero es obvio, si quieres cumplir con el segundo y cuarto. El quinto, es de aconsejable cumplimiento, salvo para las Santas Cruzadas en su lucha contra el moro infiel. El sexto y noveno valen, mientras no hayan niños de por medio, que la Iglesia, aunque lo parezca, no es de piedra. El séptimo y el décimo van en el cargo, la Iglesia tiene voto de pobreza, por lo tanto, sólo están expuestos los fieles de escasa o enfermiza convicción. Y para terminar, el octavo, es un mandamiento de relleno, sólo para que quedaran equilibradas ambas tablas y por otra parte el único susceptible de eliminar, hoy sería prescindible para conseguir lo que se quiere.
    -Gracias por su tiempo, por cierto ¿le dice algo el nombre de Los Romanones?

    -¿Quién...? no sé, ahora no caigo.

1.2.15

Relatos dedicados: "Belleza adulta". Para Toñi y Cristina, que lucen en la sombra.

Cuando la pasión regresa es fácil reconocerla. Es algo más que un sentimiento al que ponerle cara. Algo más que una afirmación que reubicar o que un premio que toca a destiempo. Es la razón que en el orden establecido nos obliga a navegar en la tempestad cuando la gris y densa calma es la dueña de nuestro sin vivir. Esa pasión, que se parece en forma y color a aquella que creció por primera vez, y que sembró de exaltaciones nuestra juventud.
Hoy, irrumpe ferozmente, con prisa… la misma de entonces, y se acomoda a empujones, rompiendo las resistencias formales de la que sin duda es la última etapa de nuestra vida.

Esta belleza madura, saturada en su día por diversas razones, declara abiertamente la guerra y despierta, porque una vez se durmió; y resucita, porque una vez murió. Y como un estremecimiento, siembra vértigos e ilusiones. Ya no miramos hacia atrás, hemos encontrado la pasión perdida y nos sentimos los reyes del mundo. De nuevo esa virginidad aparentemente rota, esos excesos del alma que estallan ante tanta belleza… la del amor alojado en un viejo cascarón, víctima esta vez de la sorpresa y el destino. Aprendiz de nuevo de locuras y enfrentado a unas prioridades que sobrepasan las de la razón y que no son otras que las del corazón.