Pronto será noche... sueña, vive conmigo y comparte esta íntima emoción, el cuerpo distante y el alma iluminada.

9.1.15

Una imagen de 53 palabras.


La muerte llegó antes que la vida al papel. 
Nuestros lápices serán el relevo.

6.1.15

Relatos dedicados: 5 de Enero. A mi amiga Vivian.


   Hoy es mi día, por fin voy a comprar mis regalos de Reyes. La mañana está tranquila y a esta hora, la calle fluida y rápida. Alcanzo las puertas del Gran Almacén y me acerco a la sección de Música. Suena mi iphone…
   -Me da igual que sea víspera de Reyes, ¡necesito los planos para esta tarde…!
   Alterado y confundido, llego al mostrador de Clásica, no recuerdo lo que venía a comprar. ¡A, sí! La Traviata de Salzburgo...
   -lo siento pero ayer agotamos existencias.
   Salgo a la calle en busca de una alternativa a Verdi y al doblar la esquina me tropiezo con un indigente:
   -dame algo...
   Rastreo el fondo de mi bolsillo y al tacto reconozco una moneda de 2 euros. No quiero sacarlas todas y delante de él elegir la de menos valor, total… que hago yo con 2 euros.
   De nuevo suena mi Iphone, los primeros acordes de “el loco de la colina”, debo de cambiarlo, estoy empezando a odiar a los Beatles,
   -No, lo siento se ha confundido, no soy Tomás. -respiro hondo e intento relajarme.
   Todavía no he comprado nada, paciencia, allí hay una librería. Cerca de la puerta me aborda una gitana, me coge la mano e insiste en predecir mi porvenir,
   -señorito, si me da algo le leo su futuro.
   No hay forma de deshacerme de ella, insisto por activa y por pasiva, sin conseguir que recorriendo su índice por la palma de mi mano, me vaticine las más disparatas aventuras.
   Ya en el interior me intereso por el Nadal de este año. –Lo siento, acabo de vender el último a este señor.

   Pasa la mañana y sigo sin Verdi y sin el Nadal,  los acordes de The Fool on de Hill, me trasladan al mundo real…, mi mujer, que no me olvide de la tintorería, mi hermano, que me espera para el aperitivo, mi hija, que necesita el coche para esta tarde. Abatido y desesperado, llego al portal de casa, y…
   -Señor, estoy en el paro y vendo 6 pares de calcetines por 12 euros, le interesan.
   -No, no  me interesan.
   Al segundo y pensándolo mejor le llamo y le digo:
  -Oiga Ud. ¡el de los calcetines! ¿Qué le parece si le doy esto, por todo el lote?
 El parado de los calcetines, se marchó con cara de circunstancias y mi iPhone en el bolsillo.
   ¡¡Benditos Reyes!!

2.1.15

Relatos dedicados: "Bendita soledad" a Jesús Díaz Tortosa


 Era fin de semana, de esos que ves llegar y lo paladeas. Todo un sábado y domingo para él.
    Unas últimas concesiones en la primera hora de la mañana que le justifican el traje de chaqueta y, a continuación: desenfado, pereza, gastronomía y sexualidad. El mundo se paraliza durante 48 horas y se engaña durante este tiempo repitiéndose: “Hoy puede ser un buen día y mañana Dios proveerá.”
    Mientras tanto busca el sillón; un buen libro, una buena película, una buena siesta, un buen “polvo” y recuperarse con unos spaghetti y una botella de tinto peleón, que seguro acaba con él.
    El mundo y sus vecinos dejan de existir, no hay nada, ni nadie más en mil kilómetros a la redonda. Es el único dueño de sus minutos, y se los regala con el desorden y desconcierto que le apetece. En la tarde se alimenta de recuerdos. Son su vida, la suya y la de otros que pasaron por ella dejando más o menos tiras de su piel. Esa complicidad con el pasado le revela una dimensión desconocida con su intimidad, no sabría cómo llamarla, pero le hace bien. Completa sus horas hasta que le sorprende la madrugada escaneando fotos de su adolescencia. Cena y duerme en silencio, olvida su nombre intentando rememorar que tipo de persona había sido.
    Está solo, pero feliz. El libro y la película le han salido gratis, el “polvo” le ha subido un pico pero ha valido la pena, todo es cuestión de saberse administrar. Desayuno y crucigramas para la mañana del domingo, como buen anfitrión se ofrece doble ración de tostadas con mantequilla y mermelada. De nuevo, se deja llevar, pero nunca tendrá la sensación de haber hablado demasiado consigo mismo, siempre ocurre en esta época del año, se siente único, se busca y rara vez se encuentra.
    La tarde es placentera, cómoda e intrigante, pues al final descubre que las últimas horas de este día no existen, un fundido en blanco y negro le engancha con la realidad del día siguiente.
   Menos mal que Matilde, Matildín, Luisa, Pepito, la tita Isabel, los gemelos, y la abuela Pepa, regresan mañana de sus cortas vacaciones en el pueblo.