Pronto será noche... sueña, vive conmigo y comparte esta íntima emoción, el cuerpo distante y el alma iluminada.

2.1.15

Relatos dedicados: "Bendita soledad" a Jesús Díaz Tortosa


 Era fin de semana, de esos que ves llegar y lo paladeas. Todo un sábado y domingo para él.
    Unas últimas concesiones en la primera hora de la mañana que le justifican el traje de chaqueta y, a continuación: desenfado, pereza, gastronomía y sexualidad. El mundo se paraliza durante 48 horas y se engaña durante este tiempo repitiéndose: “Hoy puede ser un buen día y mañana Dios proveerá.”
    Mientras tanto busca el sillón; un buen libro, una buena película, una buena siesta, un buen “polvo” y recuperarse con unos spaghetti y una botella de tinto peleón, que seguro acaba con él.
    El mundo y sus vecinos dejan de existir, no hay nada, ni nadie más en mil kilómetros a la redonda. Es el único dueño de sus minutos, y se los regala con el desorden y desconcierto que le apetece. En la tarde se alimenta de recuerdos. Son su vida, la suya y la de otros que pasaron por ella dejando más o menos tiras de su piel. Esa complicidad con el pasado le revela una dimensión desconocida con su intimidad, no sabría cómo llamarla, pero le hace bien. Completa sus horas hasta que le sorprende la madrugada escaneando fotos de su adolescencia. Cena y duerme en silencio, olvida su nombre intentando rememorar que tipo de persona había sido.
    Está solo, pero feliz. El libro y la película le han salido gratis, el “polvo” le ha subido un pico pero ha valido la pena, todo es cuestión de saberse administrar. Desayuno y crucigramas para la mañana del domingo, como buen anfitrión se ofrece doble ración de tostadas con mantequilla y mermelada. De nuevo, se deja llevar, pero nunca tendrá la sensación de haber hablado demasiado consigo mismo, siempre ocurre en esta época del año, se siente único, se busca y rara vez se encuentra.
    La tarde es placentera, cómoda e intrigante, pues al final descubre que las últimas horas de este día no existen, un fundido en blanco y negro le engancha con la realidad del día siguiente.
   Menos mal que Matilde, Matildín, Luisa, Pepito, la tita Isabel, los gemelos, y la abuela Pepa, regresan mañana de sus cortas vacaciones en el pueblo.

1 comentario:

Neogéminis Mónica Frau dijo...

El pobre tío no es feliz, eso se ve desde lejos. Tener que recurrir a ese tipo de descargas eventuales como escape a su vida cotidiana lo confirma. Hasta se me cruza que el polvo no ha sido con una fémina, me parece...