Pronto será noche... sueña, vive conmigo y comparte esta íntima emoción, el cuerpo distante y el alma iluminada.

24.12.14

Este jueves, Cuento de Navidad dedicado... a los niños: Katerina y Julio.


El primero en llegar fue el Rojo, serio, elegante, luminoso, él era el responsable de que todos se reunieran en esas entrañables fechas. Portador de emociones y sentimientos, parecía que todo giraba a su alrededor, cuidadoso y pulcro ordenaba sobre la mesa los guiones que más tarde repartiría a cada uno del grupo.
En segundo lugar llegaron juntos, Amarillo y Verde, alegres, vivos y frescos, canturreando por lo bajo algo de una zarzuela que no llegué a reconocer. Ambos con cometidos diferentes, el primero para envolver, atar los buenos deseos y proporcionar la fortuna soñada, y el otro, como soporte o fondo, como la esperanza en forma de espacio escénico donde se sucedían los momentos de más fuerza interpretativa, ambos sabían de la importancia de su papel, aunque sólo fuese un papel "de reparto".
El Dorado, entró, aún sin haberse cerrado la puerta, vestido de trigo, y oliendo a Sol, se sentó de espaldas a la cristalera.
Violeta y Rosa, tardaron un poco más, tímidos, reservados, saludaron discretamente y se sentaron juntos al final de la gran mesa, con gran ternura cruzaron sus brazos y esperaron.
De par en par se abrieron las puertas para la entrada solemne del Blanco, seguro y firme en sus movimientos, ocupó el sillón junto a Rojo, que lo buscaba con la mirada, demandando esa porción de justicia, equidad e inocencia de la que su inmaculado amigo recién llegado, era portador.
El Azul, entró a continuación, ensimismado, como inmerso en aguas profundas, inspirando una envidiable confianza, iluminado por los celestes brillos de un firmamento que era suyo.
Llegó la hora y faltaba el de siempre, su demora, no siendo grave, ponía de manifiesto su condición de color triste, mediocre. Pausado, avanzó hasta ocupar su asiento, saludando con un gesto de medio tono y con cara de aburrido, justo en ese momento, tomó la palabra el Rojo, que dijo:
-"Ahora que por fin ha llegado Gris, empecemos con el plan para inundar de colores al Mundo en esta Navidad."

Más cuentos en el castillo de del rey Pepe

13.12.14

Relatos dedicados. Cuento de Navidad, para Lautaro Hidalgo.


Dos Manitas, una y otra, otra y una, azules y rosas, capricho del cristal con el que las miras…
-Palmas palmitas, higos y castañitas.

La una me da el tiempo, la otra me lo mide, son las 2 en la cara de la muñeca, son las 2 en el dorso de los gemelos…
-Almendras y turrón, ¡qué rica la colección!

La Otra me avisa, me informa y se ausenta entre las sábanas, la una la destapa, la señala y le numera…
-Este fue a por leña, éste la cortó, éste fue a por huevos y éste los frió.

A la Otra, le falta uno, la una lo busca y no lo encuentra, ¿a ver en el palmar…? no puede haberse perdido... ¡es Navidad!
–Se fue al teatro, y no me quedan más que cuatro.

Se abrazan, se funden, se engranan. Al frente los más vulgares, en la cola los benjamines, al medio el que palpita más alto…
-Veo, veo, ¿Qué ves? una cosita, sonrosadita.

Con una me despido, ahora queda un poco más lejos, con la otra oteo el horizonte, nota mi calor: 37 y unas décimas…
-cinco lobitos, tiene la loba, cinco lobitos detrás de la escoba.

7.12.14

Relatos dedicados. "Vivo en un octavo"


Llamo al ascensor y como cada día, acude con precisión alemana. Las puertas de acero, se abren invitándome con un penetrante aroma a café recién hecho.
Desciende y comienza la aventura de cada mañana; oler planta por planta intentando adivinar de cuál de ellas es ese olor a café. Ponerle cara a esas manos que han mezclado, molido y filtrado, hasta conseguir ese cremoso exprés de tan intenso aroma.
El juego de olfatear se inicia de inmediato; podría ser Carmen la del séptimo, se levanta temprano y a estas horas lleva a sus hijos al colegio.
Manuel el del sexto trabaja en casa, es informático, pero no me lo imagino en la cocina, siempre baja a la cafetería.
Desestimo a la pareja del quinto, ambos trabajan en Iberia y esta semana están en Egipto.
Susana, la joven viuda del cuarto, bien podría minimizar sus penas en un buen café, sus ojos tiernos y permanentemente húmedos, necesitan un buen estímulo para enfrentarse cada día a su recién estrenada soledad.
La intensidad del aroma, me despista, yo diría que se acentúa a capricho, que se depositó en la cabina del ascensor y viaja conmigo con aleatoria intensidad.
En el tercero casi siempre hace una parada, Ignacio, debe levantarse, ducharse, vestirse y salir a la misma hora que yo, de lo contrario no entiendo tanta coincidencia, él no puede ser el del café, pues también exclama sorprendido ante el delicioso aroma.
María, sube en el segundo, todas las mañanas baja a pasear a su Dálmata, podría ser ella, Ignacio y yo nos miramos compartiendo un deseo oculto… por una mujer así, -y si además, es la del café- bien se podría perder la cabeza.
El primero no cuenta, a esas oficinas llegan más tarde y las señoras de la limpieza vienen desayunadas de casa.

Cada día, el misterio del excitante aroma del café, me hace pensar que esa es la magia del momento, sin necesidad de esperar la Navidad.