Pronto será noche... sueña, vive conmigo y comparte esta íntima emoción, el cuerpo distante y el alma iluminada.

28.9.14

Relatos dedicados. El Paraguas que quería ser Flor.



     Se abría demasiado pronto y eso le obsesionaba. Acostumbrado a esa inmediatez que en su día le pareció tan eficaz, hoy unas lluvias después, más bien le molestaba, quería disfrutar de ese movimiento tan instantáneo hasta entonces y convertirlo en un viaje lento, casi imperceptible; más que abrirse de golpe, lo que quería era crecer despacio.
     Recordó un reloj en un campanario y comprobó el paso del tiempo sin que éste exteriorizase sus movimientos; de pronto era las doce y mas tarde la una, y por más que fijase la vista en las negras y puntiagudas saetas era incapaz de detectar el mas mínimo movimiento.

     Así querría ser él, un paraguas que pasará de estar cerrado a abierto sutilmente, pasearse por todos y cada uno de los diámetros que dibujase su circunferencia de una forma tan pausada que sólo la ausencia total de lluvia evidenciase su absoluta apertura. 

     Comentando estos pormenores con su amiga la Sombrilla, reparó en la alegre ornamentación de la que ésta hacia gala, cubierta con un estampado repleto de rosas, tulipanes y orquídeas, como si de una cretona inglesa se tratarse e hipnotizado por tanta belleza, decidió que a partir de ese momento sería Flor y hacerse adulta en silencio, lentamente. 
    Una Flor que naciera de un bastón de madera noble y barnizado y creciese escondida detrás de los rayos de acero hasta llenarlo todo con su color y perfume, protegiendo a su vez, de una lluvia que ya empezaba a arreciar.
  

25.9.14

Silencio y Vino.

     
     Mudo, sordo, ciego, muerto… me siento cuando las palabras oprimidas no fluyen. Cuando las oraciones montan del revés. Nada soy sin voz, nada, desterrada mi prosa y exiliadas mis rimas en un silencio trabado, obligado. Es entonces cuando el corazón de los sonidos deja de latir y duerme.
    Después, en plena agonía, un grito contenido trepa por la sombra de la ignorancia y un nuevo silencio libre nace del silencio cautivo. Me oigo, vocalizo, y mi verso alumbra destellos callados que nacen fraseando siseos entre dientes. Es el silencio que decide por si mismo seguir siendo silencio…


    ¡Vaya mierda de vino que he bebido!

(Foto: Peter Verhauwen)