Pronto será noche... sueña, vive conmigo y comparte esta íntima emoción, el cuerpo distante y el alma iluminada.

9.11.14

Relatos dedicados. Testamento en diez legados.

     
     Dijo que se llamaba Jacobo... pero que importa, cualquiera en sus circunstancias podría haber mentido. Su pobreza, si que era real. Mal vestía con harapos sucios que en su día fueron un traje a medida. Su edad, indefinida, era la de un viejo que peinaba canas en una casposa y enredada melena blanca.
     El frío y la calle amenazaban con negarle la vida una madrugada cualquiera, por eso con lápiz corto esribía su última voluntad en las partes no impresas de un diario de izquierdas:

    “Por si acaso y para que no hayan dudas ni disputas, dejo mis pertenencias a:

1.- El carro de la compra que cogí prestado del “super” y que desde hace tiempo es a la vez mi armario y despensa, se lo dejo a D. Juan Roig, dueño de Mercadona, (al Rey, lo que es del Rey).

2.- A Pilarín, la rubia de bote de la peluquería de enfrente, le dejo esta mata de rebelde pelo que una vez fue rubio de verdad, (ella ya sabrá que hacer con él)

3.- Estos 2’25 euros que guardo, son para el director del Banco Popular de aquí al lado. Que me abra una libreta, un plan o lo que sea (todo menos jugar en bolsa, me preocuparía perderlos)

4.- A Maria, que me baja leche caliente y galletas con su nombre y que es mayor que yo, pero se conserva mejor, (bendita familia) le dejo la cantinela que tanto le gusta escucharme cada mañana. (ahora le puedo confesar que es “te quiero, te quiero” de Nino Bravo en una versión mía, claro)

5.- Al Generalísimo, esté donde esté, (espero, que en los infiernos) le dejo estos trozos de metralla, que me han tenido con el cuerpo roto desde los 16 años. (hasta los que soñé, con ser un gran deportista)

6.- A Micaela, la niña del portal 22, que nunca me ha tenido miedo, le dejo el mío, para que lo conozca y nunca lo repita, (al final te das cuenta, que no merece la pena)

7.- A Julio, el ciego de la esquina, le dejo este libro sin tapas, sólo para que lo abrace entre sus manos, son poemas de Marti i Pol (sí, ya sé que está ciego, pero que mas da, tampoco sabe catalán)

8.- A Alfredo, ese señor serio que siempre me mira a los ojos, que no sé de dónde viene ni a dónde va, pero que comparte conmigo ese instante de segundos cómplices, le dejo esta última mirada (le decís que con ella, me despido de todo lo bueno que he vivido en esta vida, que algo ha habido)...

    Jacobo, no pudo llegar a los diez legados, el frío de esa madrugada de invierno se lo llevó para siempre.

3 comentarios:

Carmen Andújar dijo...

Es una pena, esta pobre gente sin techo; pero la verdad es que muchos tenemos la culpa, porque nos acostumbramos a verlos, forman parte del paisaje , y eso es la mayor pena.
Un relato precioso y muy emotivo.
Un abrazo

Maria Jose Moreno dijo...

Sin palabras... me ha llegado y hondo. Un beso

Matices dijo...

Hasta siendo misero hay grandeza... y siempre se puede legar lo mejor que habita dentro del corazón.
No conocía este blog, miento... algo de música he escuchado por estos lares, creo...
Que bueno leerte en estos relatos llenos de "matices" y eso no lo he legado, es un valor que habita dentro del corazón de quien los escribe porque siente empatía con lo que acontece a su alrededor.
Un beso