Pronto será noche... sueña, vive conmigo y comparte esta íntima emoción, el cuerpo distante y el alma iluminada.

30.11.14

Relatos dedicados. Historia de una Nevera


    Mi primer dueño se llamaba, “El Ganxo” apodo con el que se conocía al Barrio de Ruzafa de Valencia. Esta humilde casa de comidas, miraba de reojo, no sin cierta envidia a la monumental Iglesia de San Valero, pretenciosa y siempre engalanada para las multitudinarias fiestas del Barrio. Me recibieron con la alegría juvenil del que espera un juguete regalado, algo que se puede rentabilizar sin coste alguno, nuevo, brillante, con un nombre compuesto formado por letras cursivas blancas impresas sobre un fondo rojo sangre, nombre, que creía era el mío, pero que más tarde comprobé, que sólo hacía alusión al obligado contenido, pues esas eran las condiciones de la dádiva.
    Me sentía joven, limpio, inmaculado y sobre todo capaz, muy capaz de enfriar hasta la congelación las botellas de cristal que se alineaban ordenadamente en mi interior. Mi primer contacto con la electricidad fue a 125 voltios, suficientes para ronronear hasta la extenuación, sin perturbar el descanso de los parroquianos próximos. Mi interior se familiarizó con los envases de cristal de contenido rojizo recién llegados de Atlanta en los EEUU. “Coca Cola” les llamaban, nombre que coincidía con el que de igual trazo yo lucía a lomos de mi armadura. Fueron tiempos de calderilla y chapas, de pajita y vasos de tubo. tiempos de fidelidad y consecuencia.
    Años después, un nuevo destino me alejaba de aquel local entrañable y junto con dos molinillos de café, en un intercambio de mercadería barata, pasé a formar parte de los enseres eléctricos de una nueva familia: la cocina de la Agencia de transportes “Los Veteranos” dedicada al alquiler con conductor de furgonetas descubiertas.
    El desorden y el desánimo habitaron mi interior, botellas de diferentes tamaños y contenidos, gaseosas, zarzaparrillas, vino blanco a granel, agua de cebada, café del tiempo con canela y una variada colección de latas de atún y mejillones, mi apéndice eléctrico, se sustituyo por otro de mayor voltaje, me injertaron en la parte posterior un transformador que alteró para siempre mi sonoridad, que se volvió más ronca y entrecortada, llegué a entender que ya no me mimaran como antaño. Hoy, no sé cómo he podido llegar hasta aquí, pero me temo que es el final, ya no estoy enchufado, lo cual me hace pensar que ya no es para enfriar para lo que se me necesita, el texto y el rojo están descoloridos y mis puertas cerradas para siempre, el nombre de este bar es extraño, diría que pone: “Desguace”

1 comentario:

jose luis fernandez dijo...

Que duda cabe de que siempre has sido un creador magnifico (lo digo con conocimiento de causa ) pero nunca me imagine de que saldrias por las letras, eres un gran dibujante y un creativo en general, tu vida es arte.

Enhorabuena y me honrro por tenerte como amigo

Un gran abrazo !!!!